Mi forma de mirar
La fotografía es mi manera de estar en el mundo. No es algo que haya elegido recientemente, sino una forma de entender la realidad que heredé. Crecí viendo a mis abuelos retratar las ferias en Galicia y a mi padre ejercer el oficio. He pasado por muchas etapas profesionales —desde la prensa hasta eventos—, un camino que agradezco porque me ha dado la mirada técnica y la experiencia necesaria para llegar hasta aquí, al punto donde realmente me reconozco.
Hoy, mi trabajo se divide entre dos mundos que son, ante todo, mi identidad: el Rastro de Madrid y mis raíces gallegas.
Dos mundos, una misma esencia
Tanto en el bullicio del Rastro como en el territorio gallego, me muevo con la tranquilidad de quien está en casa. No son proyectos aislados; son los lugares donde mi mirada se siente cómoda y donde todo cobra sentido para mí.
En el Rastro, lo que busco es esa historia viva que se despliega cada domingo. Me fascina la capacidad de los vendedores para crear esos bodegones efímeros, llenos de objetos con una vida pasada que me hablan de quienes ya no están. Fotografiarlos es, para mí, un acto natural de memoria y respeto por lo que sobrevive al tiempo.
En Galicia, encuentro el origen, la tierra y la luz que me han formado. En ambos casos, huyo de cualquier artificio. Mi fotografía es directa, sin pretensiones, porque lo que me interesa es lo que es real.
Lo que busco tras la lente
No pretendo construir escenas; me dedico a capturar lo que ya existe y que a menudo pasa desapercibido. Me atrae la autenticidad de los personajes, esa manera tan única que tienen algunas personas de expresar quiénes son a través de su estilo, frente a la uniformidad de lo que nos dicta el mercado.
Mi trabajo no es más que un reflejo de mi propia forma de vivir: con honestidad, sin filtros y con una curiosidad constante por aquello que, siendo sencillo o cotidiano, tiene alma. Al final, fotografío lo que conozco y lo que me hace vibrar; es mi forma de compartir con el mundo los lugares donde, simplemente, soy yo.
